En un reciente conversatorio organizado por el Colegio Médico de Chile (COLMED) y moderado por la Presidenta Nacional del Colegio Médico de Chile, la Dra Ana María Arriagada, participó el director de Tabaconomía y economista Guillermo Paraje. En la instancia, que es parte de una serie de conversaciones sobre impuestos y equidad de salud y tuvo por nombre “Equidad, impuestos focalizados y acceso a la salud”, el investigador presentó evidencia contundente sobre el rol de los impuestos correctivos, en particular al tabaco, como una de las políticas más efectivas para mejorar la salud de la población y enfrentar los desafíos que impone el envejecimiento demográfico.
La exposición se centró en cómo estas herramientas económicas permiten reducir el consumo de productos nocivos, prevenir enfermedades evitables y avanzar hacia sistemas de salud más sostenibles.
Externalidades: cuando el precio no refleja el daño
Paraje comenzó explicando que existen productos cuyo consumo genera externalidades negativas, es decir, costos sociales que no están incorporados en su precio. Entre ellos se encuentran el tabaco, el alcohol y los alimentos no saludables.
Los impuestos correctivos buscan justamente corregir esta distorsión, de modo que las decisiones de consumo reflejen no solo el costo privado, sino también el daño social asociado. El objetivo no es prohibir, sino modificar comportamientos y reducir riesgos evitables para la salud.
El impacto del tabaco en Chile: muertes evitables
Durante la presentación se expusieron cifras preocupantes:
- En Chile, entre el 11% y el 12% de todas las muertes son atribuibles al consumo de tabaco.
- Entre el 16% y el 17% de las muertes por cáncer están directamente relacionadas con fumar.
- Se trata, en su mayoría, de muertes prematuras y completamente evitables, causadas por un producto no esencial.
Además del sufrimiento humano, estas enfermedades generan altos costos para el sistema de salud y afectan la calidad de vida de las personas y sus familias.
Envejecimiento acelerado y sostenibilidad del sistema de salud
Uno de los puntos centrales de la exposición fue el análisis del cambio demográfico. A través de las pirámides poblacionales, Paraje mostró cómo Chile pasó de una población joven y sostenible en los años 60 a una estructura envejecida, con baja natalidad y una creciente proporción de personas mayores.
Con una tasa de fertilidad cercana a 0,9 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo, el país enfrenta un escenario complejo:
- Menos personas activas sosteniendo a más personas inactivas.
- Mayor presión sobre los sistemas de salud y pensiones.
- Riesgo de insostenibilidad si la población envejece con altas tasas de enfermedades crónicas.
En este contexto, prevenir enfermedades hoy es una condición indispensable para sostener el bienestar mañana.
Por qué los impuestos al tabaco funcionan
La evidencia internacional y nacional muestra que los impuestos al tabaco tienen tres efectos claros y consistentes:
- Reducen el consumo entre fumadores actuales.
- Retrasan o evitan el inicio del consumo en jóvenes (clave, ya que quienes no comienzan antes de los 24–25 años rara vez lo hacen después).
- Aumentan la probabilidad de dejar de fumar, especialmente cuando existen programas de cesación accesibles.
Estos efectos no solo benefician a quienes dejan de fumar, sino también a los no fumadores, en particular niños expuestos al humo de segunda mano, mejorando su salud, aprendizaje y perspectivas futuras.
Más allá de la salud: impactos sociales y económicos
Paraje destacó que el consumo de tabaco y alcohol también afecta la economía de los hogares. En Chile, los hogares que gastan en tabaco tienden a gastar menos en educación y salud, generando círculos viciosos de largo plazo que condicionan el bienestar y las oportunidades futuras.
Desde una mirada económica, reducir estas enfermedades implica:
- Más años de vida saludables.
- Mayor productividad.
- Sistemas públicos más sostenibles.
Evidencia frente a los mitos
Finalmente, Paraje abordó tres argumentos habituales contra los impuestos saludables —contrabando, regresividad y destrucción de empleo— señalando que ninguno se sostiene en la evidencia empírica. Por el contrario, estos impuestos han demostrado ser efectivos para reducir consumo, mejorar salud y no generar los efectos negativos que suelen atribuirles.
Una reflexión final
Citando a Christine Lagarde, exdirectora del FMI y actual presidenta del Banco Central Europeo, Paraje cerró con una idea potente: “Hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos. Pero los impuestos pueden usarse para retardar la muerte”.
En un escenario de envejecimiento acelerado y crecientes demandas sociales, los impuestos al tabaco y otros productos nocivos aparecen como una herramienta clave de prevención, con beneficios presentes y futuros para la salud pública y la sostenibilidad de las políticas sociales.




















